lunes, 14 de febrero de 2011

El Celta pierde el apetito en Córdoba

El cuadro celeste dilapida la oportunidad de encaramarse al liderato con un empate sin goles ante un incómodo rival.
El Celta sufrió ayer una repentina pérdida de apetito en el Nuevo Arcángel que deja al grupo de Herrera sin el liderato. Al equipo vigués le faltó hambre para aprovechar la ocasión que el Betis y el Rayo le habían puesto en bandeja para encaramarse en el liderato y dar un hachazo al frente de la clasificación. El empate sin goles cosechado ante el Córdoba, un adversario incómodo y muy bien organizado que le generó multitud de problemas, sabe a poco a pesar de que el conjunto vigués amplía su ventaja con respecto a la tercera plaza e iguala el récord de doce partidos sin perder establecido por Txetxu Rojo en la campaña 1991-92.
El Celta acusó y mucho la baja de Quique de Lucas, el futbolista que marca el ritmo, la chispa que da vida a este Celta que sin el barcelonés en el campo fue un equipo apagado, carente de ritmo, falto de energía, pobre en velocidad e inconexo en ataque.
La ausencia de De Lucas la solventó Paco Herrera con Michu y una ligera vuelta de tuerca al esquema habitual, pues el asturiano ocupó la banda izquierda del medio campo y Álex López adelantó su posición para acompañar en punta a David Rodríguez. Un 4-3-3 en ataque con el talaverano pegado al costado izquierdo convertido en 4-4-2 en defensa porque, sin la pelota, el ferrolano retrasaba unos metros para formar con Michu una primera línea de contención por delante de los dos pivotes.
El experimento dio al Celta control en la posesión de la pelota pero sin De Lucas en el campo el juego de los celestes careció de verticalidad, se tornó lento, previsible. El equipo vigués tuvo el balón pero no dio la impresión de gobernar el partido. Apenas un dominio yermo que no generó ningún problema a la organizada defensa cordobesa. Porque el equipo de Lucas Alcaraz pareció encontrarse muy cómodo con la propuesta de los celestes. Se agazapó en su parcela, achicó el espacio y se limitó a contener daños a la espera de una oportunidad a la contra. En todo el primer tiempo, el Celta se asomó un par de veces a los dominios de Alberto, que vivió en un remanso de paz. Tan solo tuvo que intervenir el portero verdiblanco en un cabezazo de Catalá tras una falta lateral que llegó manso a sus manos.
Sin asumir riesgos, el Córdoba dio mayor sensación de peligro. Ganó con frecuencia el área de Falcón por banda, puso un par de centros envenenados, hizo salir al portero celeste de su área y hasta rondó el gol con un remate defectuoso de Charles que se perdió por la línea de fondo.
Tras la reanudación, Paco Herrera intercambió de posición a Michu y a Álex, que se pegó al costado izquierdo para intentar conectar con David Rodríguez que, privado de su socio, anduvo perdido en un mar de soledad. El juego de los celestes ganó algo de fluidez aunque no la suficiente como para inquietar al rival que, viendo el percal, adelantó líneas en busca del gol de la victoria.
El Celta no llegó claramente a la portería rival hasta la hora de juego, justo después de que Herrera cambiase a David Rodríguez por Iago Aspas. Lo hizo en una arrancada por banda de Álex López, el mejor de los celestes, que desbordó a su marcador y se plantó ante el portero pero éste se le echó encima y le arrebató la pelota antes de que el ferrolano pudiese armar el disparo. Lo intentó casi a continuación Michu con un fuerte disparo desde el balcón del área que Alberto detuvo.
La lluvia comenzó a caer con fuerza y, en medio del aguacero, el partido, plomizo hasta la saciedad, creció en vivacidad. Las llegadas a las dos áreas se prodigaron, el peligro rondó las dos porterías pero ninguno de los dos equipos encontró el camino ni la dirección en el disparo. Se acercó a él Aspas en un buen remate de falta directa después de que Tena frenase a Abalo (que entró por Michu) cuando el arousano encaraba solo al portero.
La victoria la tuvo sin embargo el Celta en la cabeza de Iago Aspas, que envió a las nubes con todo a favor un templado centro de Trashorras al cogollo del área. Desde entonces, el color del choque fue del todo celeste pero, bien pertrechado en su parcela, el equipo de Alcaraz logró desactivar, a veces con mucho apuro, el bombardeo al que el Celta sometió a su área. La entrada de Joan Tomás por Trashorras en los minutos finales no mejoró la situación ni la sensación de pérdida por la gran ocasión dilapidada.

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